Escrito por Isaac
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29 Septiembre 2004
EL CONTROL DE LOS IMPULSOS
Mensaje: La importancia de saber reprimir nuestros impulsos en pos de un objetivo.
Introducción
Imagine que tiene 4 años de edad y que alguien le hace la siguiente propuesta: ahora debo marcharme y regresaré en 20 minutos. Si lo deseas puedes tomar una golosina pero, si esperas a que vuelva, te daré 2.
¿qué harian ustedes?[dejar que 2 o 3 personas respondan a la pregunta, formar un pequeño dialogo.]
En cualquier caso, un investigador americano llamado WALTER MISCHEL llevó a cabo, en la década de los sesenta, una investigación con preescolares de 4 años de edad a quienes se les planteaba la cuestión anterior.
Algunos de los niños fueron capaces de esperar lo que seguramente les pareció una eternidad hasta que volvió el experimentador. Y fueron muchos los métodos que utilizaron para alcanzar su propósito: [utilizar la mimica ahora] Taparse el rostro, mirar al suelo, hablar consigo mismos, cantar, jugar e incluso intentar dormir. Pero otros, más impulsivos, cogieron la golosina a los pocos segundos de que el experimentador abandonara la habitación.
Argumento
El poder diagnóstico de la forma en que los niños manejaban sus impulsos quedó claro 12 o 14 años más tarde, cuando la investigación rastreó lo que había sido de aquellos niños, ahora adolescentes. La diferencia entre unos y otros fue CONTUNDENTE:
Los que a los 4 años de edad habían resistido la tentación eran socialmente más competentes, mostraban una mayor EFICACIA personal, eran más EMPRENDEDORES y más capaces de afrontar las frustraciones de la vida. Se trataba de adolescentes poco proclives a desmoralizarse, estancarse o experimentar algún tipo de regresión ante las situaciones tensas, adolescentes que no se desconcertaban ni se quedaban sin respuesta cuando se les presionaba, adolescentes que no huían de los riesgos sino que los AFRONTABAN e incluso los BUSCABAN, adolescentes que confiaban en sí mismos y en los que también confiaban sus compañeros, adolescentes honrados y responsables que tomaban la INICIATIVA y se zambullían en todo tipo de proyectos.
Y más de una década después, seguían siendo CAPACES de demorar una gratificación en la búsqueda de sus objetivos.
En cambio, el tercio aproximado de preescolares que cogió la golosina eran adolescentes más TEMEROSOS de los contactos sociales, más testarudos, más INDECISOS, más perturbados por las frustraciones, más inclinados a considerarse malos o poco merecedores, a caer en la regresión o a quedarse paralizados ante las situaciones tensas, a ser DESCONFIADOS, resentidos, celosos y ENVIDIOSOS, a reaccionar desproporcionadamente y a enzarzarse en toda clase de DISCUSIONES y peleas.
Y al cabo de todos estos años, seguían siendo incapaces de demorar la gratificación.
Conclusión
Así pues, las aptitudes que despuntan tempranamente en la vida terminan floreciendo y dando lugar a un amplio abanico de habilidades sociales y emocionales.
En este sentido, la capacidad de demorar los impulsos constituye una facultad FUNDAMENTAL que permite llevar a cabo una gran cantidad de actividades, desde seguir una dieta, hasta terminar la carrera de medicina.